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Archivos de octubre, 2013

Relojes del siglo XVII: El reloj mecánico

Lunes, 14 de octubre del 2013

 

 

La historia del reloj es la crónica puntual y fidedigna del ingenio humano, de su industria y tesón.

Hasta el siglo XVI a las buenas gentes les preocupa poco conocer más exactitudes que las estrictamente fisiológicas; para ello basta y sobra con el instinto, la luz y la sombra. Los relojes mecánicos ostentan una sola aguja, y lo mismo da una hora más o menos. Sin embargo, aportan una serie de datos que actualmente nos parecen superfluos e ingenuos, pero que en el contexto de la época eran bastante más importantes que una seguridad temporal. Así, el mostrador zodiacal resultaba decisivo para elegir los momentos fastos o nefastos; el de fases lunares, para deambular en noches sin faroles; el calendario, para situarse, y un largo etcétera de informaciones útiles.

El reloj mecánico es el mecanismo puro. Todos los ingenios y artilugios que hicieron realidad la automatización derivan de este primitivo mecanismo. Es el prólogo de una evolución que se inicia en la rueda contadera.

Un reloj mecánico es un reloj que utiliza un mecanismo mecánico para medir el paso del tiempo, por oposición a los relojes de cuarzo modernos que funcionan en forma electrónica.

Es impulsado por un resorte (llamado resorte principal) al que se le debe dar cuerda periódicamente. Su fuerza se transmite mediante una serie de engranajes para accionar la rueda de equilibrio, una rueda contrapesada que oscila atrás y adelante a una velocidad constante.

Un dispositivo llamado escape libera las ruedas del reloj para que avancen un poco con cada giro de la rueda de balance, moviendo la manecillas del reloj hacia adelante con velocidad constante. Esto es lo que produce el característico “tic-tac” de todos los relojes mecánicos. Estos relojes evolucionaron en Europa en el siglo XVII de los relojes accionados por resortes, que aparecieron en el siglo XV.

Los relojes mecánicos no son tan precisos como los de cuarzo y generalmente resultan ser  más caros.Pero el movimiento de los engranajes  constante  nos transmite un sentimiento  del  paso del tiempo, como materializando  una idea  intuitiva  que todos tenemos  del devenir  de nuestras  propias vidas. Su simple contemplación  nos fascina.

 

Relojes S.XVII

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